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Tras uno de los terremotos más devastadores de la historia de México ocurrido ayer, la solidaridad de la gente no se ha hecho esperar.

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México vivió ayer uno de los terremotos más devastadores de su historia reciente, uno que, por intensidad y grado de destrucción humana y material, sólo se compara al gravísimo seísmo que sacudió el país en 1985. Las consecuencias del temblor se hicieron notar en Puebla y en Ciudad de México, la populosa capital del país.


Y si bien el grado de devastación fue alto, con una treintena de edificios derruidos en el centro de la megalópolis y con alrededor de doscientas víctimas mortales, la respuesta del pueblo mexicano a la catástrofe, su solemnidad y solidaridad en momentos de absoluta desesperación, fueron un ejemplo del orgullo de México y de su capacidad para multiplicarse en tareas de ayuda. Un pequeño punto de luz en un día repleto de oscuridad.

Equipos de ciudadanos espontáneos desbrozando escombros con un pico y con una pala, personas que deciden señalizar el tráfico, llamadas a la apertura de las contraseñas WiFi en todos los puntos de la ciudad, reparto de víveres, cadenas humanas, apertura de albergues públicos o privados, hoteles ofreciendo noches gratis, médicos y veterinarios acudiendo al lugar de los hechos, arquitectos evaluando daños desde Twitter o Facebook.

Los voluntarios son, en su mayoría, los mismos vecinos y personas que transitaban por los lugares afectados y decidieron ayudar. Para colaborar con los rescatistas y paramédicos, la gente de los alrededores ofrece comida, agua y materiales de trabajo.

Con mascarillas improvisadas, cascos de ciclistas, picos y palas, cientos de personas en la Ciudad de México formaron cadenas humanas junto a edificios en ruinas después del terremoto, en un intento por ayudar a remover escombros y rescatar víctimas, incluso durante la noche.

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Desde la tarde y durante toda la noche la gente de la colonia (barrio) de Condesa, donde un edificio de oficinas y departamentos se convirtió en ruinas, llevó botellas de agua, vendas, medicinas y herramientas. En la calle Ámsterdam, también en esa colonia, formaban hileras para pasar de mano en mano los materiales de ayuda y los escombros que retiraban.

En el sur de la ciudad una escuela se colapsó y más de 20 niños murieron. Los cuerpos de rescate siguieron trabajando en medio de la noche para sacar de ahí a los que siguen atrapados. Gritos y llantos se mezclaban con las sirenas de las ambulancias y los bomberos.

La reacción de los ciudadanos fue rápida. Organizados en grupos y sin que nadie se los pidiera, no sólo se dedicaron a recolectar provisiones y a ayudar en las labores de rescate, sino que también colaboraron con la evacuación de casas y locales.

Además de salir a las calles para ayudar con los escombros los ciudadanos utilizan las redes sociales para informar sobre la ubicación de zonas donde se necesita el apoyo de rescatistas y de la ciudadanía, principalmente para informar de gente atrapada.

Circulan además mapas y listas con la dirección de puntos donde se necesita la ayuda de voluntarios, así como el apoyo con agua, linternas y cobijas para una noche que será larga.

Cantando el “Cielito lindo”, porque nada une a un país como la tragedia.

Todo se sumó para configurar una respuesta fantástica e histórica a un terremoto de proporciones trágicas y que paralizó la capital mexicana durante largas horas del día de ayer. Esta es sólo una muestra recopilatorio del otro lado del temblor: el lado en el que la gente se sobrepuso a la adversidad y optó por ayudar y echar una mano para levantar Ciudad de México de nuevo.

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